Todos los grupos
violentos de Colombia son terroristas.
Terroristas son las FARC, el ELN, los
paramilitares en proceso de desmantelamiento.
Son terroristas por atentar contra una
democracia respetable y por sus métodos de
exterminio de la humanidad.
Colombia tiene una democracia que avanza en
seguridad para todos los ciudadanos, respetuosa
de las libertades y el pluralismo, afanada por
construir cohesión social, esforzada por la
transparencia y respetuosa de la independencia
de las diferentes instituciones que conforman el
Estado.
El uso de fuerza o solamente su amenaza contra
esa democracia, es puro terrorismo. En el
continente hubo grupos violentos que, por luchar
contra dictaduras, fueron calificados como
insurgentes. En Colombia los grupos violentos
atentan contra la democracia; en consecuencia,
el calificativo que merecen es el de
terroristas.
Los grupos violentos de Colombia son terroristas
porque se financian de un negocio letal contra
la humanidad: el narcotráfico.
Los grupos violentos de Colombia son terroristas
porque secuestran, ponen bombas
indiscriminadamente, reclutan y asesinan niños,
asesinan mujeres embarazadas, asesinan ancianos
y utilizan minas antipersonal dejando a su paso
miles de víctimas inocentes. Todas estas
prácticas son violatorias de los derechos
humanos y del derecho humanitario, que es apenas
un atenuante de la crueldad.
Los grupos violentos de Colombia son terroristas
porque destruyen el ecosistema: han devastado
dos millones de hectáreas de selva tropical para
sembrar coca y producir cocaína.
Los grupos violentos de Colombia son terroristas
porque lo único que han producido para el país
es desplazamiento, dolor, desempleo y pobreza.
Los grupos violentos de Colombia son terroristas
porque secuestran en cualquier parte, no tienen
inconveniente en secuestrar venezolanos en
Venezuela, o ecuatorianos en Ecuador; su lucha
no es ideológica; al contrario, es acumular
dinero proveniente de la crueldad y de los
negocios ilícitos. Esto demuestra que su
objetivo es el terrorismo transnacional y no una
lucha política en Colombia.
Los grupos violentos de Colombia son
terroristas. Las guerrillas cambiaron sus viejas
ideas de revolución marxista por el mercenarismo
financiado por las drogas ilícitas y además
engendraron el terrorismo paramilitar.
El Gobierno de Colombia por ningún motivo acepta
que a estos grupos se les levante el
calificativo de terroristas y se les dé estatus
de beligerancia.
El Gobierno de Colombia, con sus Fuerzas Armadas
y su Constitución, continuará la lucha hasta
derrotar a estos grupos terroristas que han
recibido las más generosas ofertas de paz, como
lo demuestra el tratamiento lleno de solidaridad
a 46.000 desmovilizados.
En esta hora, el mundo no puede olvidar los 750
ciudadanos secuestrados por las FARC en los
últimos 10 años, que siguen desaparecidos. La
liberación de doña Consuelo González de Perdomo
y de doña Clara Rojas, que todos los colombianos
hemos celebrado, no puede ocultar el horror del
secuestro del que fueron víctimas por tantos
años, ni tampoco ocultar el tratamiento de
tortura que los terroristas de las FARC dan a
los miembros de la Fuerza Pública y a los
dirigentes políticos secuestrados por ellos:
permanecen encadenados día y noche y en jaulas,
como también lo atestiguan las dos personas
liberadas.
El Gobierno de Colombia trabajará con la Iglesia
Católica en la búsqueda de una zona de
encuentro, sobre la base de que la gestión
humanitaria que adelanten los prelados no
conllevará parcialización a favor de los
terroristas de las FARC.
Enero 11 de 2008